martes, 21 de enero de 2014

ACABADOS CON ALAMBRE

Cuenta la leyenda que Einstein se enfrentó con este dilema.
 Cuando ya era un hombre de edad, una hermosa joven, de la que no podría decirse que fuera una prometedora candidata para el premio Nobel, se le acercó. Con voz dulce le dijo que le gustaría tener un hijo suyo. ¿La razón? Bien sencilla. Así tendrían un hijo con la belleza sin par de la madre y la tremenda inteligencia del padre.

Pero el físico dijo que no. Einstein le contestó:
- Mi querida señora, ¿qué pasaría si sacase mi belleza y su inteligencia?

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